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Pet Sounds

Finales de Noviembre. Me dirijo a la tienda de discos con las manos apretadas en los bolsillos mientras en mi cabeza resuena ‘Wouldn’t It Be Nice’. No puedo esperar mucho más a tener entre mis manos el famoso ‘Bendita Locura’, libro que me ayudará a sumergirme todavía más en ese maravilloso universo de Brian Wilson y los Beach Boys. Y mientras voy pensando en esto me doy cuenta de que he llegado a la entrada de la tienda. Cómo se agradece ese olor peculiar a papel viejo, ese ‘olor a disco’, producido por el almacenamiento de cientos de vinilos añejos. Tras preguntar a la dependienta acerca del libro y decirme que no lo habían recibido aún, me cuenta algo que no olvidaré fácilmente. Ella solía poner el Pet Sounds a sus hijos yendo en el coche, pero hasta ahora su hija de 14 años no había tenido ocasión de escucharlo aún. El caso es que, me cuenta ella, hacía escasos días le había sorprendido cuando se le acercó y le dijo: ‘mamá, escuché aquel disco que me dijiste y me gusta mucho, es muy bonito y alegre, pero el que lo canta está muy triste’.

La perplejidad aún me desborda. Creo que hasta entonces nunca había oído una definición tan acertada del Pet Sounds. Nunca antes había visto a nadie captar la esencia de un disco de una forma tan aplastante y sincera. Y lo más sorprendente es que esas palabras habían salido de la boca de una niña, una niña que había entendido perfectamente el mensaje de aquel niño eterno. Había entendido el mensaje de Brian Wilson, que a través de Pet Sounds narra uno de los momentos más intensos de su vida.

En casi todas las historias existe un punto de inflexión. Un punto en el que su o sus protagonistas se enfrentan a una disyuntiva de la que depende el futuro de su desenlace, un punto en el que a veces las historias se cruzan o se tuercen. Para Brian Wilson, la disyuntiva llegó en diciembre de 1964.

Los Beach Boys habían acabado una extenuante gira cuando se volvían a embarcar en otro vuelo que les llevaría a otro no menos extenuante ciclo de conciertos por el oeste de los USA para promocionar ‘Dance, Dance, Dance’. Durante aquel vuelo Brian experimentó una crisis de pánico (alimentada por su miedo escénico) que desembocó en su posterior decisión de no volver a enfrentarse a un escenario y a no volver a dar un concierto…  aquel día, y sin saberlo, el rumbo de aquel quinteto californiano acababa de dar un giro de 180 grados, y por extensión, el rumbo del pop y de la historia de la música moderna.

Al poco tiempo de aquel (en apariencia) insignificante acontecimiento, Brian, definitivamente sustituido en los conciertos por Bruce Johnston, se recluyó en su casa y estudio de Los Ángeles para recuperarse de su crisis y empezar a trabajar de forma minuciosa en sus composiciones. Wilson había pasado a ser, definitivamente, el cerebro que desde la sombra creaba la magia del grupo, componiendo, arreglando y estando presente en todo momento en el estudio, aunque no se dejase ver en público. De este modo se gestaron obras como ‘Today’ o ‘Summer Days (and summer nights!)’, discos que ya anticipaban lo que, sin saber, se iba a venir encima en poco tiempo, mientras el grupo continuaba cosechando éxitos. Así pues, durante finales de 1965 y principios de 1966, el grupo continuaba de gira por el continente asiático y Brian se enfrascaba en la creación de su obra maestra por excelencia. Lo que nadie sospechaba es que Pet Sounds no iba a ser un disco ‘al uso’ de los Beach Boys… Pet Sounds era (y es) mucho más que eso. No se trata tan sólo de un álbum de estudio, sino que representa un momento muy concreto en la vida de Brian, se trata de una grabación que roza el autobiografismo, que alcanza la perfección y que expresa exactamente lo que Wilson quería expresar en aquellos días. Pet Sounds, además, nace con el aliciente de ser una especie de respuesta a ‘Rubber Soul’, publicado a finales de 1965 por los Beatles, disco que dejó perplejo a Brian y que le sumió en su obsesión por ser mejor que ellos, aunque realmente no sabemos si era consciente de que en esa ‘batalla’ su cerebro se enfrentaba a dos de los cerebros más portentosos de la música moderna. De cualquier modo, tan claro lo tenía, que si los Beach Boys no hubiesen aceptado la propuesta que les exponía, Brian lo hubiese editado como disco en solitario. Así pues, fruto de su extraña y perfeccionista mente, de su devoción por el ‘muro sónico’ de Phil Spector (y por el afán de hacerlo suyo) así como del afán por superar y competir con los Beatles, Brian, acompañado de una horda impresionante de prestigiosos músicos de estudio emprendió la grabación de las sesiones instrumentales del álbum, convirtiendo el estudio en un laboratorio sónico donde las extenuantes sesiones se sucedieron de forma minuciosa.

A la vuelta de la gira de los Beach Boys, Brian reunió a su banda en el estudio y les mostró todas las partes instrumentales grabadas, proponiéndoles comenzar de inmediato a grabar las partes vocales. El asombro fue enorme ante lo que estaban escuchando, los chicos necesitaban digerir lo que estaban oyendo. Necesitaban asimilar que las canciones ya no hablaban de surf, ni de chicas, y que ya no se basaban únicamente en melodías y riffs derivados directamente del rock’n roll. Brian había dado un paso más allá, y les estaba mostrando grabaciones cercanas a la música sinfónica, aderezada con arreglos imposibles y elaborados, creando texturas etéreas y empleando instrumentos que jamás antes se habían pensado para un disco de rock’n roll (y mucho menos en un disco de los Beach Boys). Los coqueteos instrumentales que habían experimentado en sus discos anteriores habían derivado en algo inmenso. Algo en lo que el tejido instrumental parecía estar flotando en el aire.

‘¿Quién va a querer escuchar esta mierda?’, escupió Mike Love… expresión que, de algún modo, coincidió con las primeras impresiones de Capitol Records, cuyo staff no estaba de acuerdo con el rumbo que Brian quería dar al sonido del grupo, sino que seguía demandando canciones ‘tipo Beach Boys’. Sin duda, comentarios y opiniones desafortunadas fruto de la ignorancia y la incomprensión de un talento y una perspectiva adelantados a su época. Pocos, o nadie, concebían entonces el aún embrión de Pet Sounds como lo que sería más tarde: la primera gran revolución en la historia de la música moderna popular.

Al fin, tras extenuantes sesiones vocales y el posterior proceso de mezcla con las bases instrumentales, Pet Sounds ve la luz el 16 de Mayo de 1966 con un más que discreto éxito en ventas (de hecho supone el primer gran fiasco comercial del grupo), en parte debido al escaso interés de Capitol en su promoción, ya que incluso estuvo a punto de no publicar el disco; de hecho, poco tiempo después de su publicación, la compañía discográfica lanzó un LP recopilatorio, titulado ‘ The Best Of Beach Boys’ repleto de sus mejores éxitos que reivindicaba su ‘obsoleto’ sonido playero , hecho que no gustó nada a Brian, pues consideraba totalmente fuera de lugar el desentierro de ese sonido cuando él estaba trabajando en la redirección del rumbo y del sonido del grupo. A estas alturas, pues, podemos decir que Pet Sounds supone un importante cambio en muchos sentidos; podemos decir que es un punto de inflexión en muchos aspectos que van más allá de la propia historia del grupo y que se refieren al modo en que se concibe la música… cambio para el cual muchos no estaban preparados. En primer lugar es el primer disco que eleva el concepto de ‘album’ a la máxima potencia, siendo una colección de canciones que siguen un hilo argumental común, una misma idea, ya que fueron concebidas bajo un mismo concepto.  Musicalmente, la sonoridad de las piezas explora caminos nunca antes escrutados por el grupo, creando un entramado nutrido a partir de distintas influencias provenientes de diversos estilos como el pop, el soul o la psicodelia. Además, el hecho de que el resto del grupo no trabajase apenas en la parte instrumental repercutió en que la banda se centrase en el trabajo de las voces. Brian había hecho el resto, había hecho del estudio un laboratorio, casi un taller artesano. La telaraña de Pet Sounds está formada por increíbles melodías y armonías vocales, acompañadas de arreglos magistrales y una instrumentación propia de una orquesta filarmónica, ahí radica el secreto de su riqueza. Por otro lado, y en cuanto a aspectos no estrictamente musicales, Pet Sounds supone otra pequeña (pero enorme) evolución en la industria musical ya que Brian fue uno de los primeros músicos en exigir los derechos y el control sobre sus grabaciones, algo casi impensable en aquella época, en un momento en que la industria empezaba a hacerse gigante y a generar realmente grandes ingresos.

De este modo y por todo lo que supone, Pet Sounds es, para la mayoría de la crítica, el ‘mejor álbum jamás creado’, título que sostiene hasta la fecha (y ya van poco más de 40 años). Inspiradísimo e influyente, encumbró a The Beach Boys, y especialmente a Brian Wilson, a lo más alto de la cima musical. Y gracias a él, Brian se erigió en 1966 como uno de los más grandes genios de la historia de la música moderna, punto a partir del cual las cosas ya nunca volvieron a ser como antes. En aquellos días fue el álbum definitivo que generó la célebre espiral de competitividad entre Beatles y Beach Boys, y en parte germen del británico ‘Sgt. Pepper’. Pero no lo olvidemos, la creación de esta obra no fue un camino de rosas. Wilson ya estaba metido en la experimentación con drogas y personalmente se había sentido ‘agredido’ por el Rubber Soul de los Beatles. Así que sus expectativas (y las de Capitol) se situaban de forma automática en lo más alto, lo cual, añadido a la impresionante inspiración por la que atravesó aquellos días, dieron lugar a tan geniales composiciones. Brian aseguraba escuchar el disco en su mente y lo que él trataba de plasmar en aquellas sesiones de grabación era lo que él oía en su cabeza. El proceso era una obsesión, algo agotador (hecho que dejaría ‘tocado’ a Brian para siempre) tanto para él como para los músicos de estudio que trabajaron en aquellas sesiones. Podemos imaginar, gracias a la publicación de numerosas cintas de las sesiones de Pet Sounds, a un jovencísimo Brian (¡¡¡contaba con tan sólo 24 años!!!) dirigiendo a todo un grupo de músicos de estudio que había trabajado con personas de la talla y peso de Phil Spector… podemos imaginar que para ellos, hasta la fecha, Brian no era más que un ídolo pop adolescente, tal vez sólo un niño rico caprichoso que jugaba a ser mayor en un estudio, que quería ser como Spector. Pero pronto se percatarían de que las cosas iban mucho más allá. Pronto se darían cuenta de que aquel ‘niño’ había dejado de serlo y que sabía perfectamente lo que estaba haciendo en todo momento. Pronto sabrían que las agotadoras sesiones en las que Brian era el único que percibía detalles que se empeñaba en corregir una y otra vez darían su fruto y cobrarían sentido, que todo aquello era el proceso mediante el cual Brian estaba organizando sus ideas para generar algo casi hipnótico, espiritual y con un significado muy concreto. Pronto comprenderían y podrían escuchar que habían sido partícipes de la creación de una de las obras de arte más geniales e importantes de la historia.

Pet Sounds es como un hijo pródigo, un disco que de una forma preciosista e introspectiva nos habla del momento en que el niño deja de serlo, el momento en que la inocencia desaparece, esfumándose en el mundo real. Pet Sounds se lamenta por la pérdida de sueños y recuerdos juveniles, ríe por los sueños que se acercan (Woulldn’t It Be Nice)  y llora por el amor perdido, o por su ausencia (God Only Knows). Pet Sounds es, sin duda alguna, toda una oda a la vida. Es una obra en la que, en mayor o menor medida, todos nos hemos visto reflejados más de una vez; es un disco para el que no pasa el tiempo. Sigue y seguirá guardando ese punto de inocencia que le hace tan especial, y seguirá cautivando a quienes se aventuren en su escucha y se dejen atrapar por su atmósfera casi barroca como lo ha hecho estos 40 años.

Y por muchos más.

Por Sergio DeLonge

 

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